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BDE: Desde su perspectiva, ¿cómo dialogan el Buddhist Counselling y las prácticas equivalentes cristianas? ¿Qué puntos de encuentro y desencuentro percibe?
FJSF: Si algo me ha gustado profundamente de estos estudios, ha sido su carácter eminentemente experiencial. Es un ámbito donde, sin lugar a dudas, hay muchas más confluencias que divergencias. Las prácticas, las creencias y los métodos son realidades muy diferentes, pero la dimensión práctica de la vida ofrece una perspectiva cautivadora. Al fin y al cabo, el creyente —sea budista o cristiano— se enfrenta a la misma naturaleza psicoafectiva y a la misma realidad social que, de un modo u otro, condiciona la interioridad humana.
Los procesos psicoespirituales se dan la mano: la experiencia del sufrimiento, el deseo de felicidad, la búsqueda interior, la confrontación con la propia mente y afectividad, las dificultades en la meditación, los conflictos con las creencias, el anhelo de una vida fundamentada en valores, el forjar una conciencia limpia, la autenticidad... y la liberación del ego. Estos desafíos que he encontrado entre mis compañeros, laicos y monjes budistas, son los mismos que yo mismo he atravesado en mi proceso espiritual y los que he venido constatando en tantas personas a las que he acompañado durante mis más de 30 años de sacerdocio.
Con esto no sugiero que ambas realidades sean idénticas, sino que, en lo que respecta al proceso de crecimiento y desarrollo espiritual, las personas se enfrentan a situaciones muy similares, más allá de los principios que rigen su camino. Por ejemplo, la realidad del sufrimiento o el modo de afrontar el duelo por los seres queridos. Cada tradición ofrece elementos doctrinales derivados de sus propias creencias, capaces de orientar y ayudar en estos procesos. Pero la dimensión psicológica y espiritual que emerge en medio de esas situaciones es la misma. Y, del mismo modo, una visión desviada o incorrecta de las propias creencias puede tener un efecto negativo en el proceso psicológico.
Es evidente que, en el acompañamiento, no se puede abstraer el proceso de las implicaciones de las creencias, dado que actúan muchas veces como motor, orientación y sustento de las vivencias. Pongo un ejemplo: dentro del cristianismo, existe la creencia en el paraíso, el purgatorio o el infierno. El temor que suscita la posibilidad de la condena —si la persona no se abre al sentido del amor y la misericordia de Dios— puede favorecer una conciencia de culpa y miedo. En mi experiencia con el budismo, he comprobado algo semejante cuando el creyente tiene una visión distorsionada del karma, del mérito o de la reencarnación, lo cual puede convertirse en una fuente mayor de sufrimiento. Son creencias diferentes, pero con una incidencia psicológica similar, cuyo tratamiento y ayuda pasa necesariamente por purificar y reordenar dichas creencias en de su propio contexto.

BDE: ¿Qué diferencias destacaría en la forma en que ambas tradiciones abordan realidades tan fundamentales como el sufrimiento humano, la compasión y el acompañamiento ante la muerte o el duelo?
FJSF: En el acompañamiento, tanto en un ámbito como en el otro, se potencian las mismas actitudes: escucha empática y atenta, acogida, respeto y presencia. Es cierto que la visión del sufrimiento en el cristianismo y en el budismo es muy diferente, al igual que las creencias en la vida más allá de la muerte, lo cual da un marco específico al acompañamiento en esas situaciones.
Pero también es cierto que, por lo general, todo ser humano quiere librarse del sufrimiento, y en el acompañamiento —budista, cristiano o simplemente psicológico— busca librarse de él. El budismo tiene muy claras cuáles son las causas del sufrimiento humano y actúa a partir de ahí. En el cristianismo, sin embargo, ha habido amplios sectores que consideraban —de manera errónea pero muy generalizada— que había que aceptar simplemente ese sufrimiento y vivir con él, e incluso tendencias hacia la búsqueda del sufrimiento como medio de purificación. Hoy en día, la perspectiva cristiana se asemeja más a la budista, en la medida en que se percibe que no todo sufrimiento debe ser acogido sin más. Por ejemplo, para los místicos cristianos, las causas del sufrimiento humano radican en la ignorancia, el apego, el ego, etc. Y es algo que una visión objetiva de los Evangelios también pone de manifiesto. Y la consecuencia de ello es que la liberación del sufrimiento, o al menos de gran parte de él, es posible a través de un camino espiritual auténtico.
Otra cuestión es la visión o percepción del sufrimiento inevitable y de cómo asimilarlo o vivirlo. Aquí las perspectivas de la fe cristiana son muy diferentes de la budista, aunque en el ámbito de la salud mental no hay contradicción.
El tema de la compasión me ha interesado de un modo particular. Normalmente los conceptos o términos que se usan no siempre corresponden a su sentido originario. El término compasión, por ejemplo, en lengua española, tiene connotaciones negativas de condescendencia. Algo similar a lo que ocurre con la palabra, más usada en el cristianismo, de misericordia. Sin embargo, cuando uno se acerca a los contenidos originarios, las coincidencias resultan asombrosas. Así, la compasión vista desde su sentido en lengua pali (karuna) o la palabra misericordia (vista en su sentido etimológico en hebreo) coinciden en gran medida en su significado. Algo semejante podríamos derivar del concepto contenido en el término pali de metta, que en el cristianismo traduciríamos como amor. Me resultó interesante descubrir que, por ejemplo, Thich Nhat Hanh también prefería traducir el término metta como amor.
Una diferencia mayor la encuentro en el acompañamiento ante la muerte y el duelo, donde las creencias juegan un papel sumamente importante. Personalmente, dentro de mis propias creencias cristianas, me resulta más fácil apoyar estos procesos con la creencia en un paraíso o en la vida eterna, donde todos volveremos a encontrarnos. Aunque también he constatado a lo largo del curso que las creencias budistas también tienen una gran fuerza para apoyar estos procesos de manera positiva.

El padre Francisco Javier Sancho Fermín, junto a compañeros del curso de Buddhist Counselling en el Centro de Estudios Budistas de la Universidad de Hong Kong.
BDE: ¿Qué herramientas o técnicas concretas del máster ha comenzado a integrar —o planea hacerlo— en su labor pastoral, docente y en su propia vida personal?
FJSF: Ha sido mucho lo aprendido y mucho lo que me llevo como orientación para llevarlo a la práctica, tanto del acompañamiento como de la práctica meditativa y espiritual.
La interconexión profunda que hay en ambas tradiciones entre la vida, la ética y la práctica meditativa ofrece un panorama y un trasfondo profundamente congruentes para ambas tradiciones. Pero, quizás, donde con mayor fuerza emerge el aspecto instrumental es en la gran tradición práctica de la meditación y comprensión de los procesos mentales. Algo que no es tan evidente ni tan minuciosamente desarrollado en la práctica meditativa cristiana. Aunque se constatan las dificultades y problemas que ha de afrontar el practicante, sobre todo a nivel mental y emocional, no se aborda con detalle.
Todo lo referente a lo que, de manera global, podría denominarse comprensión y educación de la mente, de la percepción y de los sentidos es de grandísimo valor y ayuda para el practicante de la meditación cristiana. De gran valor han sido también la integración del cuerpo, la práctica de la atención plena, la Dharma therapy, la creación del oasis espiritual, la interacción y aplicación de los diversos métodos psicoterapéuticos…
Ya he comenzado a introducir bastantes de estas técnicas y conocimientos a los procesos espirituales y también a la práctica de la meditación, sobre todo en los ámbitos donde trabajo el tema de la salud mental y la salud espiritual.

BDE: Más allá de lo profesional, ¿de qué manera este encuentro con el budismo ha enriquecido o transformado su propia vivencia espiritual y su identidad como carmelita?
FJSF: Creo que aún no soy del todo consciente de hasta qué punto este máster me ha influido positivamente en mi propia vida espiritual. De momento, sí soy consciente de cómo me ha ayudado, en mi proceso meditativo personal, a entrar más profundamente en el sentido y el valor de todo. Me ha ayudado a posicionarme con mayor certeza y profundidad frente a mi propio inconsciente. Me ha llevado a explorar las raíces profundas de mis procesos mentales y emocionales, evidenciando cuestiones que pensaba haber superado, pero que eran solo apariencias.
Igualmente me ha llevado a comprender mucho mejor los procesos psicoespirituales que se van forjando en el camino espiritual de la persona y a poder interpretar aspectos que hasta entonces no me resultaban del todo claros.
Hoy mi oración, gracias a lo aprendido y practicado durante el máster, es mucho más consciente y consistente. Soy más capaz de posicionarme frente a mis procesos mentales y emocionales con mayor objetividad y conciencia. Y todo ello me hace vivir la oración y la meditación con mayor beneficio para mi vida y para mi misión al servicio de los demás. Me ha ofrecido, además, muchas luces para comprender y apoyar los procesos espirituales de otras personas.
BDE: A modo de síntesis, si tuviera que destilar la esencia de todo este recorrido, ¿cuál diría que ha sido el aprendizaje más valioso que se lleva consigo?
FJSF: A pesar de haber sido tanto lo aprendido, y tantos los beneficios recibidos, lo que colocaría como lo más valioso, sin duda, ha sido el contacto humano, cercano y amistoso con mis compañeros y profesores. Tocar el corazón de todos ellos, tan deseosos de vivir auténticamente y de ayudar a los demás, me evidencia que la bondad inherente al ser humano no puede circunscribirse ni a creencias, ni a culturas. Ambas son vehículos para la transformación positiva del mundo. Y eso llena de alegría y de esperanza, además de ensanchar el corazón.
Una sola palabra podría condensar todo lo aprendido y vivido: agradecimiento, profundo y sincero.
Enllaços:
Budisme tibetà i espiritualitat carmelita, trobada interreligiós a Àvila, Espanya, juliol de 2024
La importància del diàleg interreligiós i objectius per a la trobada des de la perspectiva budista
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Daniel Millet Gil es licenciado en Derecho por la Universidad Autónoma de Barcelona y cuenta con un máster y un doctorado en Estudios Budistas por el Centro de Estudios Budistas de la Universidad de Hong Kong. Recibió el premio Tung Lin Kok Yuen a la excelencia en estudios budistas (2018-2019). Actualmente, es editor y colaborador habitual de la plataforma web Buddhistdoor en Español. Millet es el fundador y presidente de la Fundación Dharma-Gaia (FDG), una organización sin fines de lucro dedicada a la enseñanza académica y difusión del budismo en los países de habla hispana. Esta fundación también patrocina el Festival de Cine Budista de Cataluña. Además, se desempeña como codirector del Programa de Estudios Budistas de la Fundació Universitat Rovira i Virgili (FURV), una iniciativa conjunta entre la FDG y la FURV. En el ámbito editorial, Millet dirige tanto la Editorial Dharma-Gaia como la Editorial Unalome. Ha publicado numerosos artículos y títulos en revistas académicas y de divulgación, los cuales están disponibles en su perfil de Academia.edu: https://hku-hk.academia.edu/DanielMillet.
