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Entrevista con Lama Tsondru: pionera del budismo tibetano en España. Primera parte.

Esta entrevista con Lama Tsondru conducida por Mireia Pretus fue originalmente grabada en catalán para la serie «Testimonis de la història del budisme a Catalunya» de la Coordinadora Catalana d’Entitats Budistes. En ella se presenta la extraordinaria trayectoria de una mujer que no solo es una de las principales figuras del budismo tibetano en España, sino también una pionera, ya que contribuyó a la fundación del primer centro budista en España, Samye Dzong Barcelona en 1977, por iniciativa de Ákong Tulku Rinpoche*.

Desde 1978, Lama Guelongma Tsondru, cuyo nombre civil es Lourdes Clapés, ha dedicado su vida a compartir las enseñanzas de Buda, impartiendo meditación y filosofía budista no solo en Samye Dzong Barcelona, sino en varios centros de toda España, Europa, América y África. Ha sido una persona clave en el establecimiento y desarrollo del Monasterio Samye Dechi Ling en Santa Coloma de Farners, y ha brindado un apoyo fundamental a la consolidación de otros centros como los de Manresa y Las Palmas de Gran Canaria.

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Lama Tsondru. Fuente: página de Facebook Monasterio Budista Samye Dechi Ling

Su profundo conocimiento del budismo tibetano se basa en una sólida formación teórica. Ha recibido, entre otros, enseñanzas y transmisiones de grandes maestros como Su Santidad el 14º Dalai Lama, el 16º Karmapa, el 17º Karmapa, Gyaltsab Rinpoche*, Kalu Rinpoche, Thrangu Rinpoche, Khenpo Tsultrim, Gyamtso Rinpoche y Khenpo Lhabu. Es discípula de Ákong Rinpoche y de Tai Situ Rinpoche. Más allá de su vasta sabiduría filosófica, posee una experiencia práctica excepcional en meditación pues ha estado en retiro estricto por más de 13 años, incluyendo dos retiros tradicionales de cuatro años de duración cada uno. La combinación única de su profundo conocimiento y experiencia meditativa la convierte en una de las maestras más relevantes del budismo tibetano en el mundo hispanohablante.

Ordenada en 1987 y reconocida como Lama en 2001, su compromiso se extiende a la sociedad actual. Impulsada por la sabiduría del Buda y sus maestros, Lama Tsondru participa en diversos proyectos que buscan el beneficio, la paz y la felicidad de todos los seres. Es la representante de la Fundación Rokpa en España y ha promovido, a través de su participación en grupos de diálogo interreligioso, el entendimiento y la armonía con otras tradiciones religiosas. También es cofundadora de Sakyadhita Spain, una plataforma que reúne a través de la comunicación a mujeres budistas de todas las tradiciones.

En esta primera parte de la entrevista, Lama Tsondru describe las dificultades iniciales para establecer el primer centro budista en España en 1977. Era una época en la que el budismo era prácticamente desconocido y estaban vedados legalmente sus prácticas y rituales. Afortunadamente, lograron establecer un centro en Barcelona y reunir una comunidad con el tiempo. Aparte, subraya la llegada de grandes maestros tibetanos, como Ákong Rinpoche, que fue especialmente influyente debido a su sencillez y pragmatismo. Igualmente, comparte que el budismo fue ganando terreno, y enfatiza la humildad y la paciencia necesaria en el aprendizaje mutuo entre tradiciones espirituales y culturas.

Mireia Pretus: Buenos días, Lama Tsondru. Para comenzar, hablemos de los orígenes: tu propiciaste el establecimiento del primer centro budista en España, en Barcelona, en el año 1977. ¿Cómo se originó este centro y cómo recuerdas sus primeros años?

Lama Tsondru: Fueron unos años curiosos porque teníamos que manejarnos con el budismo un tanto a escondidas. La gente no sabía lo que era, y si queríamos alquilar un lugar para establecer un centro, debíamos decir que éramos un grupo de yoga, ya que el yoga empezaba a conocerse, pero el budismo no. En muchos lugares, incluso si decíamos que éramos un grupo de yoga, nos negaban el alquiler, y si mencionábamos que era para budismo, la respuesta era la misma. Finalmente, conseguimos un pequeño centro en el Poble Sec, en la calle de la França de Barcelona.

En aquella época, hacía un par de años que había muerto Franco y la situación todavía estaba bastante inestable. Aquí en Cataluña dependíamos del gobierno civil. Teníamos que ir a llenar un formulario indicando que tal día íbamos a realizar una reunión con más de siete personas, porque si venía la policía, podíamos presentar ese papel. Esto lo hicimos dos o tres veces en encuentros y después nos dijeron que ya no era necesario, lo cual fue un alivio.

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Ákong Rinpoche. Cortesía de Lama Guelongma Tsondru.

En esa época, con Ákong Rinpoche, venía mucha gente a conocer al primer lama que llegaba aquí. Lo conocían y se iban diciendo que no parecía un lama, porque la idea que tenían de un lama no coincidía con él. Él no era monje, iba vestido con pantalones y una camisa. Además, estaban acostumbrados a los maestros hindúes con cabello largo y una cara serena. Él, en cambio, era alguien muy práctico y normal. Finalmente, formamos un buen grupo, quizás porque era un maestro increíble. También vinieron algunos maestros de Francia de Kagyü Ling.

De ahí surgió el Panillo, Dag Shang Kagyü. Queríamos estar legalmente establecidos, así que conseguimos formar un centro, una organización cultural que llamamos Dagpo, que es el nombre de Gampopa. Publicamos cuatro libros con el nombre de Dagpo. Seguimos insistiendo y nos dijeron que, en esa época, con el socialismo ya establecido, era el mejor momento para presentar los papeles. Fuimos con un notario, lo conseguimos, lo presentamos y finalmente nos dieron el nombre de «Karma Kagyü de Budismo Tibetano».

Lo curioso es que ellos pensaron que nosotros éramos «los budistas de España». Después de nosotros, otro grupo quiso inscribirse en el Ministerio de Justicia como budistas, pero el ministerio nos escribió y nos dijo que los teníamos que avalar. Así que todos los grupos, todos los que vinimos al principio, teníamos que hacer una carta avalándolos y diciendo que sí eran budistas. Esto duró hasta que, después de muchos grupos, se dieron cuenta de que había muchos budistas y que no podía ser que unos avalaran a los otros. Entonces dejaron de hacerlo. A partir de ahí se abrió todo y todos los budistas podían ir directamente al Ministerio de Justicia sin problemas.

Centro Budista DAG SHANG KAGYU
Edificio del monasterio de estilo tibetano, en el Centro Budista Vajrayana Dag Shang Kagyu. Ubicada en Panillo, Aragón – España. Fuente: https://dskpanillo.org/

MP: ¿Y qué recuerdos y anécdotas tienes de aquella época, con los primeros estudiantes y los cursos que ofrecíais?

LT: En aquella época yo trabajaba como maestra y también me ocupaba del centro. Estaba muy atareada y cada noche tenía pesadillas pensando en los lamas que venían, en que no tenía el centro preparado. Siempre tenía esa angustia de que algo pasaría, de que no lo tenía todo controlado. La responsabilidad de llevar un centro budista en aquella época, en la que no había ninguno, era bastante pesada. Poco a poco fui reuniendo un buen grupo de personas.

Estuvimos un año y medio en aquel primer lugar, pero después alquilamos un piso muy grande en el Eixample, en la calle Diputación, donde vinieron grandes lamas del linaje, como el maestro Khenpo Tsultrim Gyatso, entre muchos otros. Allí nos quedamos a vivir unos cuantos, así que realmente se convirtió en un centro porque vivíamos allí y lo utilizábamos para las actividades.

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Kagyu Samye Dzong en 1980 en su centro en la calle Diputación durante las enseñanzas de Khenpo Tsutrim Gyamtso. Cortesía de Lama Guelongma Tsondru.

Tuvimos la suerte de que en aquella época no había otros centros budistas, así que los maestros más importantes venían a nuestra casa. Venía Tai Situ Rinpoche, venía Gyaltsab Rinpoche, incluso el mismísimo Karmapa. Todos ellos pasaron por el piso de la calle Diputación. Fue una época dorada. Más tarde, pocos años después, los maestros empezaron a viajar más a América y a otros lugares que les resultaban más interesantes, pero en aquella época venían a Barcelona, y fue una auténtica alegría.

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Khenpo Tsultrim Gyamtso acompañado del venerable Tenpa Negi en Kagyu Samye Dzong Barcelona, 1980. Cortesía de Lama Guelongma Tsondru.

MP: ¿Y los estudiantes? ¿Cómo vio ese intercambio cultural, ese encuentro entre dos culturas y tradiciones espirituales tan diferentes en ese momento?

LT: Había cierta problemática, porque había muchas preguntas dirigidas a los lamas, a veces con un tono crítico. Por ejemplo, cuestionaban temas como la reencarnación: «¿Por qué la reencarnación?», «¿Y esto que hacéis aquí, esta ceremonia, no se parece al cristianismo?». Había mucha crítica hacia lo que estábamos haciendo. Pero, poco a poco, la gente empezó a entenderlo. Era una época muy nueva, todo era una novedad.

No había libros sobre budismo en ese momento. La gente había leído cosas como El Tercer Ojo de Lobsang Rampa y venían buscando un lama que les iluminara, que les tocara aquí (en la frente) y que les ayudara a «abrir el tercer ojo». Llevó años hacerles entender que El Tercer Ojo era una novela y que todo eso no tenía nada que ver con el budismo real.

MP: ¿Y los maestros? ¿Cómo fue ese choque cultural para ellos? ¿Qué impresión tenían al venir a Barcelona y conectar con estos estudiantes?

Lama Tsondru: Los maestros tenían mucha paciencia y aceptaban todo muy bien. Nunca se enfadaban, respondían siempre amablemente. A veces hacían pequeños «milagros» para conmover a los estudiantes. Por ejemplo, si alguien les grababa, lograban que la grabadora se detuviera o se encendiera sola. Eso les impactaba mucho, porque buscaban algún tipo de milagro y los maestros hacían estas pequeñas cosas para que se dieran cuenta de que realmente tenían algún poder y que no eran tan «tontos» como algunos pensaban al principio.

MP: ¿Y cómo fue la relación con otras tradiciones espirituales en esos primeros años?

LT: Fue una etapa de encuentros y descubrimientos. Había cierta curiosidad y también algo de recelo, pero poco a poco se fueron estableciendo relaciones más abiertas y respetuosas. Fue un periodo de aprendizaje mutuo.

MP: ¿Cómo fue la relación con otras tradiciones budistas en esa época?

Lama Tsondru: Fue muy buena porque todos éramos budistas y estábamos juntos. Por ejemplo, Gelugpa de Ibiza se fueron moviendo de lugar, pero éramos amigos. Algunos de ellos pasaron a nosotros y finalmente se establecieron en Barcelona. Se llamaban Nagarjuna y fue en esa época cuando vinieron a Barcelona porque vino Geshe Rinpoche y el traductor de Geshe fue Wangchen. Éramos amigos. Cuando venía Ákong Rinpoche o algún lama importante, invitábamos a Geshe a nuestra casa y comíamos juntos, hablábamos...  Resulta que el Geshe y Ákong eran del mismo pueblo. Fue una época en la que el budismo era muy amable, muy sencillo. Todos nos conocíamos. Era una etapa bonita, con mucha cercanía. Después hubo una explosión, empezaron a aparecer muchísimos centros budistas y perdimos esa conexión inicial, esa sensación de comunidad más íntima.

MP: ¿Y cómo fue la relación con otras tradiciones espirituales, como las cristianas?

LT: En ese momento me involucré mucho en la cuestión interreligiosa. Estuve en varios grupos interreligiosos. El más interesante fue el grupo interreligioso monástico, que reunía a monjes y monjas de Montserrat, algunos hindúes, algunos musulmanes, entre otros. Lo hicimos durante seis o siete años. Nos encontrábamos unas tres veces al año y hablábamos, compartíamos. Fue muy, muy interesante. Lo dejamos después de esos años porque ya habíamos llegado a un entendimiento profundo. Fue una experiencia muy enriquecedora.

MP: Han pasado muchos años desde que empezó y ha hecho muchos retiros, más de 13 años en retiro. ¿Qué descubrió de usted misma en esos retiros? ¿Puede compartir algunas de sus experiencias?

LT: El primer retiro de tres años, tres meses y tres días que hubo en Europa para occidentales lo empezó Kalu Rinpoche en Francia. Yo estuve a punto de ir, pero ya estaba cerrado. Entonces, Ákong Rinpoche dijo que haría otro en Samye Ling, y me apunté rápido porque profundizar en el budismo tibetano me parecía una maravilla.

En el año 1984 empezamos a prepararnos durante varios años. Íbamos a Samye Ling varios meses al año, aprendíamos tibetano, practicábamos el Chöd y otras prácticas. Finalmente entramos en el retiro. Éramos dos casas: en una había nueve mujeres y en la otra ocho o nueve hombres. No nos vimos nunca durante el retiro. Estábamos completamente aislados. Nos enseñaron todos los fundamentos del budismo, desde los preliminares hasta los tantras y los yogas de Naropa. Fue increíblemente enriquecedor.

Hacia el final del retiro, pensé que quería continuar. Sentía que aquello era solo el comienzo, que, si salía como una persona laica, me distraería. Entonces decidí hacerme monja allí mismo. Tai Situ Rinpoche, subió al retiro y me ordenó monja, aunque no de manera completa.

Cuando terminamos el retiro, se anunció que comenzaría otro, y enseguida decidí quedarme y hacerlo también. Pasé cuatro años más en retiro, en total fueron bastantes años. Al terminar el segundo retiro, mi maestro, Ákong Rinpoche, me dijo que ya era suficiente, que debía ir al centro de Barcelona porque todos me esperaban allí. Habían comprado el piso de Pau Claris, así que me fui hacia allí.

Los retiros me parecieron maravillosos, pero creo que hay que estar preparado para ellos. No todo el mundo está listo para algo así. Es necesario entender muy bien qué es el budismo y ser capaz de dejar atrás muchas cosas, especialmente tu forma de pensar. Si no lo haces, lo que aprendes se mezcla con lo que ya sabes, y terminas creyendo que lo nuevo es solo una extensión de tus viejas ideas. Eso puede bloquearte.

El retiro es una experiencia increíble. Estás encerrado en una casa con un pequeño jardín, con un grupo de mujeres de diferentes nacionalidades. Algunas son agradables, otras tienen sus peculiaridades. Una deja la ventana abierta, otra la cierra, una prefiere cierto tipo de comida, otra no... Una parte muy importante del retiro es la paciencia, aprender a trabajar juntas en armonía. Esa es una parte fundamental del proceso.

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Primera visita de Su Santidad el Dalái Lama a Barcelona en 1981-1982 con el primer grupo budista de España. Cortesía de Lama Guelongma Tsondru.

MP: ¿Qué descubrió de usted misma en ese retiro?

LT:  Descubrí que no sabía nada. Yo había estudiado muchas cosas antes de entrar al retiro y pensaba que sabía más que los demás. Pero me di cuenta de que no sabía absolutamente nada. Entonces empecé a absorber todo lo que me enseñaban, y me pareció fascinante. Sin embargo, también entendí que aquello era solo el comienzo y que había que seguir profundizando.

También descubrí que tenía bastante paciencia porque no me enfadaba con la gente. Mis maestros incluso comentaron que nadie se había quejado de mí y que yo tampoco me había quejado de nadie. Eso fue un gran cumplido para mí.

MP: ¿Qué consejos daría a personas principiantes que quieren introducirse al budismo y hacer prácticas de meditación, pero no retiros largos ni avanzados?

LT: Hay algo en el budismo que es muy importante y se llama «la visión». La visión significa qué entiendes, qué ideas claras tienes sobre la vida y sobre cómo funciona todo. Este es un paso fundamental. Es esencial intentar analizar las cosas que crees sobre la vida y las personas, y compararlas con lo que dice Buda. Es un ejercicio de introspección para comprender cuál es tu visión, porque en el samsara la visión que tenemos suele ser bastante equivocada.

Por ejemplo, hay aspectos del budismo que son muy importantes para principiantes. Uno de ellos es el budismo Mahayana, especialmente la práctica del lojong, que es el entrenamiento de la mente. El lojong te enseña cómo convivir con los demás, cómo desarrollar simpatía y amor hacia ellos, y cómo dejar de centrarte tanto en el ego, porque el ego no te hace feliz. Toda la parte del lojong es muy importante porque te ayuda a cultivar una actitud más altruista y a trabajar con tus emociones.

Otro aspecto indispensable es entender el karma y las vidas pasadas y futuras, porque esto es lo que da una visión correcta y profunda sobre la existencia. El karma explica cómo nuestras acciones, pensamientos y palabras crean marcas en nuestra mente inconsciente, y estas marcas se van acumulando y fortaleciendo. En el futuro, estas marcas determinan nuestras experiencias y nuestra manera de ver la vida.

Si las personas pudieran entender el karma y las vidas pasadas y futuras, aunque solo fuera este concepto, el mundo podría cambiar. Especialmente para los budistas, esta sería la primera enseñanza esencial. Sin embargo, a las personas les cuesta mucho asimilarlo, porque suelen pensar que el karma es algo muy simple: «Si haces una cosa, pasa otra». Por ejemplo, si das una bofetada, probablemente recibirás otra. Pero lo que es más difícil de entender es el pasado: ¿de dónde vienen ciertos problemas? ¿Por qué tengo una dificultad si no he hecho nada malo? ¿Por qué me pasa esto a mí si no tengo la culpa?

La comprensión del karma permite que afrontes las situaciones de tu vida de una manera muy diferente, con más aceptación y menos desesperación. Es un cambio de perspectiva que puede transformar cómo vives y cómo te relacionas con el mundo.

*Aunque a veces se pueden ver las otras variantes («rimpoche», «rinpoché», «rimpoché»), la grafía «Rinpoche» es la que se utiliza con mayor frecuencia en textos especializados.

Puede leer la segunda parte de este articulo aquí