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El aliento zen: una nueva producción audiovisual budista cubana

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Fotograma de la cinta. Cortesía de la directora

El cine budista en lengua española aún está dando sus primeros pasos, pero ya se perfila como un fenómeno prometedor. Tras un posible comienzo con el largometraje Albores del budismo en Cuba, ahora nos presenta otra propuesta, más compleja técnica y artísticamente: el cortometraje El aliento zen.

Es interesante que esta segunda producción audiovisual budista en español también provenga de Cuba. En ambos títulos está presente Daylet Acevedo, quien fue la editora del mencionado largometraje y a quien se debe el mérito de sus logros estéticos. Ahora, Acevedo presenta una cinta experimental de 16 minutos, sin diálogos, dedicada a una visión cubanizada del zen, del cual ella misma es practicante.

Dejemos que Acevedo nos introduzca su obra mediante la sinopsis:

Decía Taisen Deshimaru Roshi: «Los maestros comparan el aliento zen con “el mugir de las vacas o con la espiración de un bebé que grita recién nacido”.
Habitar el gesto de la libertad implica tanto dolor como alivio. Solo aceptando uno y otro se llega a vivir la paz. En esta obra, las imágenes y sonidos de la vida cotidiana son el vehículo para un viaje interior, íntimo, singular y, a la vez, plural.
Quizás los cubanos solo necesitemos hacer un «gran zazen» y, en esa larga exhalación de discernimiento, mirarnos a nosotros mismos con nuestras luces y sombras; reconocer y amar nuestra herida profunda con compasión, para asumir la responsabilidad de ella y de nuestro destino. Conscientes ya de la naturaleza frágil de la libertad y del valor del momento presente.

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Fotograma de la cinta. Cortesía de la directora

Una experiencia visual y sonora

Con exuberantes imágenes y un sonido de tácita elocuencia, la cinta se estructura en dos mitades: la primera enfocada directamente en el mundo y la segunda abierta a sensaciones meditativas. Podría concebirse, grosso modo, como una representación de la «atención plena» llevada a la pantalla, donde cada plano invita a apreciar el momento presente. En él, todo (flores, recelosos gatos, peatones) manifiesta la naturaleza de Buda como una condición originaria e intrínseca de cada ser viviente.

El formato sin diálogos resulta especialmente apropiado para el tema que aborda Acevedo: una enseñanza budista que, desde sus inicios, ha buscado trascender el lenguaje verbal. En efecto, si un audiovisual se propone una aproximación estética al zen, ¿deberá recurrir a lo lógico o a lo paradójico? ¿A la narración tradicional o a la experiencia directa de la realidad? La respuesta es evidente: un documental zen sobre el zen solo puede dialogar de corazón a corazón. Y Acevedo logra ese propósito.

Desde el punto de vista técnico, la cinta descansa sobre una cámara inquieta, que se desplaza con igual interés hacia un fogón hogareño o hacia un anciano que limpia malezas, lo cual podría sugerir un samu al espectador más atento. Nada queda fuera de la exploración visual, como si se aspirara a que la mente fuera lo suficientemente libre como para no centrarse únicamente en la contemplación de una sola hoja del árbol, sino en abarcar todo el bosque.

Una nota importante para futuros espectadores: no permitan que lo visual opaque lo auditivo. Como la propia Acevedo expresa en la sinopsis, el vehículo para el viaje interior en esta cinta son «las imágenes y sonidos de la vida cotidiana». Es tan importante ver como escuchar El aliento zen.

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Fotograma de la cinta. Cortesía de la directora

En esta panorámica sin palabras, pero no silenciosa, las cosas suceden de forma natural, sin esfuerzo. La lagartija que se posa tranquilamente en una rama o el pájaro que canta sin necesidad de guiones dan testimonio de un todo que ocurre sin premeditación ni teorías, libre de preconcepciones. En palabras de Acevedo: «Sin planes ni garantías… para nada». Mente vacía, mente zen.

Los cambios de escenario, abruptos pero fluidos, logran romper con un formalismo superficial, adoptando en su lugar una audaz libertad creativa. Este dinamismo transmite la sensación de experimentar metamorfosis constantes, donde el cambio es el único escenario perpetuo en el que la cotidianidad y el propio espectador se convierten en protagonistas. En otras palabras, Acevedo nos muestra, a través de su cámara, la belleza de la impermanencia.

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Fotograma de la cinta. Cortesía de la directora

Así transcurre la cinta, enseñándonos mediante metáforas visuales y contemplaciones puras. Por ejemplo, evoca la impermanencia mediante el contraste entre el día y la noche. El recurrente retorno a las nubes, como símbolo de pureza y transformación, sugiere la enseñanza sobre la naturaleza búdica omnipresente en todos los seres. Asimismo, el recurso de afirmar un concepto mediante un texto en pantalla y luego cuestionarlo con otro epígrafe fugaz insinúa la vacuidad.

Estas interpretaciones son, por supuesto, subjetivas. Se trata de una lectura personal sobre puras imágenes de la cotidianidad. Pero este es justamente el juego que propone Acevedo: abrir un espacio singularmente libre para la subjetividad del público, fomentando así la espontaneidad de una interpretación visual única.

Un contexto cubano y su espiritualidad

Durante la primera sección de la cinta, es fundamental escuchar la voz local del contexto. La Habana se presenta al espectador con toda su fealdad y belleza simultáneas. Las vistas de escenarios habaneros, el acelerado deterioro urbano, la apertura al Caribe y la luminosidad tropical (que parece un personaje más de la cinta) se conjugan para mostrar una visión acriollada del budismo.

Sutilmente, la crítica social también se desliza en elementos como el contraste entre los transeúntes vestidos con ropas humildes y botas de agua, y el auto moderno que los deja atrás con indiferencia.

La primera sección del audiovisual, en la cual no hay alusiones directas al budismo, es quizá la más profunda en su implementación del zen. Recordemos que este último no se limita a lo clerical ni a los templos y liturgias. Esa serenidad meditativa que se aprecia tanto en un zazen como en la jardinería japonesa influenciada por el budismo apunta a una realidad última que se transparenta en cualquier acto cotidiano, desde una ceremonia del té hasta contemplar el mar en el malecón habanero.

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Fotograma de la cinta. Cortesía de la directora

Conclusión

En opinión de este autor, El aliento zen logra esa inmersión en la sacralidad de lo cotidiano que caracteriza el arte japonés de influencias budistas, el cual también presta atención a objetos de la vida común y elementos de la naturaleza, como cascadas y flores. Con intuiciones similares, este cortometraje de Daylet Acevedo busca enfatizar lo experiencial en un contexto puramente cubano.

Se trata, por tanto, de una alianza en la que el no convencionalismo típico del zen se une al arte experimental contemporáneo, desafiando normas y convenciones tradicionales que limitan la creatividad artística o espiritual.

Tal vez la única crítica válida al documental sea que su combinación de estética audiovisual y filosofía zen resulta demasiado técnica para el espectador no iniciado. Sin embargo, si se trata de comunicar un llamado a «estar presentes», este trabajo llena un vacío en la producción audiovisual cubana con gran dignidad.

Por último, queda invitar al lector a disfrutar de esta realización fílmica, un documental sobre el tiempo, sobre una ciudad inmersa en él y sobre un pueblo que la habita. Su mensaje, en pocas palabras, nos exhorta a ser libres en este instante. El único que existe.

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Douglas Calvo Gaínza (La Habana, 24 de febrero de 1970) es doctor en Pensamiento Filosófico por la Universidad de La Habana (2025) y Ph.D. con especialización en Teología por la Graduate Theological Foundation (Estados Unidos). Posee tres maestrías en humanidades y estudios sociorreligiosos y se desempeña como profesor asistente de historia de la filosofía, griego antiguo y pensamiento oriental en la mencionada Universidad de La Habana. Además, es especialista del Centro de Investigaciones Psicológicas y Sociológicas (CIPS), dentro del Departamento de Estudios Sociorreligiosos.

Como estudioso del budismo, ha publicado en diversos medios académicos de alcance iberoamericano y es documentalista especializado en esta religión. Dos ensayos suyos sobre mística carmelitana y filosofías orientales han sido galardonados con accésits en el segundo y tercer Premio Internacional «Teresa de Jesús y el Diálogo Interreligioso» (2023 y 2024), auspiciado por el Centro Internacional Teresiano-Sanjuanista en Ávila, España. Colabora regularmente con BDE desde 2020.